"No es solo una película sobre la elección del Papa; es un microcosmos de la política moderna, la lucha por el poder, las alianzas estratégicas y las maquinaciones ocultas"
La política, esa palabra que a veces evoca imágenes de debates acalorados y promesas incumplidas, es en realidad un tejido invisible que atraviesa cada rincón de nuestras vidas.
Desde las decisiones que tomamos en nuestro día a día hasta las estructuras sociales y económicas que nos rodean, ella está presente en todo momento, moldeando nuestras experiencias y oportunidades, definiendo el marco en el que vivimos.
Pero, ¿hasta qué punto somos conscientes de esta influencia? ¿Cómo se entrelaza la política con otros aspectos fundamentales de nuestra existencia, como la religión?
Ahora bien, en las sociedades modernas occidentales, la política y la religión, dos fuerzas poderosas y a menudo contradictorias, coexisten y se entrelazan de maneras complejas. Ambas buscan dar sentido a nuestras vidas, establecer normas y valores, y definir nuestra identidad colectiva. Sin embargo, sus visiones del mundo y sus métodos para alcanzar sus objetivos suelen chocar.
Entonces ¿Cómo se concilian estas dos fuerzas tan poderosas en nuestras sociedades? ¿Cuál es el papel de la política y la religión en la construcción de un futuro más justo y equitativo?
Partiendo de estas interrogantes, El Cónclave ("Mejor guion" en la 82ª edición de los Globos de Oro y 8 nominaciones a los premios Óscar 2025) nos sumerge en la intrincada y opresiva atmósfera del Vaticano, donde cardenales de todo el mundo se reúnen para elegir al nuevo Papa. La película destaca por su tratamiento del guion, la fotografía y cinematografía, las actuaciones, la banda sonora y el apartado de producción y diseño de arte.
La tejedora invisible de nuestras vidas
La historia de suspenso psicológico que nos propone en su adaptación Peter Straughan (dramaturgo, guionista y autor británico responsable de guiones como Sesenta y seis, La revolución de la señora Ratcliffe, Los hombres que miran fijamente a las cabras, entre otras) narra los hechos concernientes después del fallecimiento del máximo líder católico y el trabajo correspondiente del decano del colegio cardenalicio Thomas Lawrence para proceder a la nueva elección de un líder. La película muestra parte del proceso burocrático, la toma de decisiones y un sin fin de situaciones más que giran en torno a este grupo de cardenales, encerrados en la “Santa Sede”, luchando por el poder mientras descubren secretos oscuros que podrían cambiar el rumbo de la Iglesia.
El guion, basado en la novela homónima de Robert Harris (publicada en 2016) es una obra maestra de tensión y suspenso. La narrativa se centra en la lucha de poder y las maquinaciones políticas que rodean la elección del Papa. Los diálogos son afilados y reveladores; y la trama está llena de giros inesperados que mantienen al espectador al borde de su asiento.
Sin embargo, El Cónclave también ofrece una visión esperanzadora. A pesar de la corrupción y la ambición, la película sugiere que es posible encontrar líderes íntegros y comprometidos con el bien común. En última instancia, la película nos invita a reflexionar sobre nuestra propia responsabilidad como ciudadanos y sobre la importancia de exigir líderes éticos y transparentes.
Desde una perspectiva sociológica, la película nos hace reflexionar sobre la naturaleza del poder y la autoridad. ¿Cómo se ejerce el poder en una institución milenaria como la Iglesia Católica? ¿Qué papel juegan la tradición, el dogma y la fe en la toma de decisiones políticas?
Un viaje al interior del misterio
“El Cónclave” no es solo una película sobre la elección del Papa; es un microcosmos de la política moderna. La lucha por el poder, las alianzas estratégicas y las maquinaciones ocultas que vemos en el Vaticano resuenan con las dinámicas políticas en el mundo real.
Llevar esto a la pantalla, aunque suene fácil de escribir, no fue así. Como dato curioso, todo el apartado de set es completamente un diseño calcado de la realidad, pues, la Santa Sede no autorizó grabaciones en sus espacios.
Por lo tanto, la producción y el diseño de arte son de primer nivel. Los decorados son suntuosos y detallados; y el vestuario es impecable. La película recrea con gran precisión el ambiente del Vaticano, desde los majestuosos salones hasta los estrechos pasillos y las celdas de los cardenales.
Al tener control sobre los espacios, la fotografía resulta ser impecable, a cargo del director francés Stéphane Fontaine (Ganador del Premio César a la "Mejor Fotografía" en 2006 por De latir mi corazón se ha parado y en 2010 por Un profeta), quien para esta ocasión nos transporta inmersivamente en una obra que pincela notoriamente la realidad extraída del texto, brindando planos y secuencias diseñadas para reforzar el drama y suspenso presente en el guion.
Para ello Fontaine hace de la imagen un elemento de tensión en cada momento oportuno, sobre todo en las secuencias de las conversaciones privadas jugando más allá del plano y contraplano habitual para situar al espectador en la conversación sino al jugar allí mismo con los planos detalles y primeros planos, mostrando las expresiones y manejo de la comunicación no verbal muy presente en toda esta historia.
Pero no olvidemos a la cámara convertirse aquí en un testigo omnisciente que nos permite adentrarnos en los rincones más oscuros. Los planos secuencia, los primeros planos y los encuadres cerrados nos acercan a los personajes y nos permiten comprender sus emociones y motivaciones.
De esta manera utiliza la cámara para crear un laberinto visual dentro del Vaticano con espacios cerrados, pasillos largos y habitaciones opresivas, generando una sensación de claustrofobia y aislamiento que refleja la tensión política; más allá de la referencial de los diálogos; que se vive dentro de un cónclave.
De igual forma la iluminación juega un papel fundamental en la construcción de la atmósfera. Al utilizar contrastes marcados entre la luz y la sombra crea una sensación de misterio y suspenso. Entonces la luz se vuelve también parte de ese juego político que a menudo es tenue y difusa, acentuando la sensación de claustrofobia y revelando los secretos ocultos de los personajes.
Por su parte, la paleta de colores es predominantemente fría y oscura, con tonos de gris, azul y negro, que reflejan la gravedad de la situación y la oscuridad de los secretos que se esconden detrás de las paredes del recinto. Vemos los pocos toques de color, como el rojo de la sangre o el dorado de los ornamentos religiosos, utilizados de manera estratégica para destacar momentos clave de la trama.
Actuaciones a la Luz de la Parresía
El término que refiere hablar con franqueza sobre un hecho, pero no solo se queda allí al mero acto de disertar sin filtros, el acto conlleva hablar con franqueza y valentía justamente de un hecho por más incómodo que sea con un carácter ético frente al poder.
Al tener un guion estructurado en diálogos que navegan entre las aguas zozobrantes del dogma, la política y la religión las caracterizaciones deben ser igual de profundas para anclarse en un punto ético particular y allí esta la genialidad del crew actoral para traerlas a la vida, observamos como las actuaciones transitan la nebulosa del poder y secreto en cada expresión, circunstancia y momento tenso de los nudos dramáticos de manera magistral.
El elenco encabezado por Ralph Fiennes (actor británico de gran trayectoria que abarca personajes icónicos como Lord Voldemort en la saga de Harry Potter, su participación como oficial Gareth Mallory / 'M', en las tres entregas de la saga James Bond: Skyfall, Spectre y Sin tiempo para morir, por mencionar algunas) en su papel de Thomas Lawrence, nos presenta a un hombre de profunda fe y conocimiento teológico, pero también un político astuto y experimentado.
Al ser el decano del Colegio Cardenalicio, recae sobre él la responsabilidad de organizar y presidir el cónclave. Su papel es crucial para mantener el orden y garantizar que el proceso de elección del nuevo Papa se desarrolle de manera justa y transparente. Fiennes en esta interpretación aporta profundidad y una complejidad inigualable al personaje de Lawrence.
La actuación al ser poderosa y sutil logra transmitir el peso de una decisión que marcará el futuro de la Iglesia. En su rostro refleja la tensión y preocupación que siente al enfrentarse a esta tarea, sobre todo, en las secuencias donde mantiene conversaciones privadas en medio de la constante controversia que resulta ser el hilo conductor de la trama principal y subtramas anexas.
A su vez, este actor matiza su trabajo permitiendo que el personaje exprese sus claroscuros, muy presentes en los momentos que, a pesar de su profunda fe, también muestra instantes de duda y cuestionamiento. De esta manera su interpretación nos permite vislumbrar la lucha interna que vive este hombre de Dios. Pero el matiz alcanza otro nivel al dejar entrever la habilidad estratégica, dándonos ese lado de carácter de “animal político” muy presente en toda la cinta por medio del juego de miradas y gestos bien calculados, revelando la naturaleza manipuladora que alguien en su posición debe tener.
Sin embargo, para mí lo más importante es la evolución que este actor hace del personaje. Inicialmente vemos a un hombre seguro de sí, decidido con el cumplimiento de su deber y convicciones, pero a medida que avanza la película lo vemos convertirse en un ser más humano y vulnerable.
El resto del elenco está conformado por Stanley Tucci (entre sus trabajos más conocidos están Lucky Number Slevin, Camino a la perdición, La terminal, The Devil Wears Prada, The Lovely Bones, Los juegos del hambre y Spotlight), brindando una interpretación impecable del cardenal Aldo Bellini, un hombre más "flexible", quien muestra las dudas y los conflictos internos que lo atormentan. Su actuación es conmovedora y llena de matices.
Por su parte John Lithgow (con grandes interpretaciones a lo largo de su carrera, con la obtención de premios como los Globos de Oro, Emmy, SAG y Tonny) con el papel del cardenal Tremblay, la gran contraparte aparente en la historia, al ser un hombre de gran influencia, presenta la visión intimidante y a la vez fascinante detrás del poder, el dogma y la fe.
Sinceramente, las actuaciones son un ejemplo de cómo el talento de los actores puede elevar una película y hacerla más interesante. Sus miradas, sus gestos y sus voces, nos sumergen en el mundo complejo y fascinante, permitiéndonos comprender las motivaciones y los conflictos internos de cada personaje, tal como lo expresa el filósofo francés Michel Foucault en su libro “El Coraje de la Verdad”: La parresía es un acto de valentía que conlleva riesgos personales, que no solo busca hablar de la verdad incómoda, sino que busca hacerlo desde el bien común; de esta manera observamos a los personajes, actores y a la película adherirse en conjunto a esta premisa plasmada desde el mismo guion.
En Resumen
“El Cónclave” es una película fascinante y bien elaborada que te atrapa desde el primer momento. El guion es inteligente y cautivador, la fotografía es impresionante, las actuaciones son magníficas, la banda sonora es evocadora, la producción y el diseño de arte son impecables. En definitiva, una película que no te decepcionará.
Por ello no debes dejar llevarte con la premisa de la narrativa sobre un acto secular de una religión. Este filme nos da un acercamiento de reflexión e interpretación sobre teorizantes políticas y sociales, nos muestra las costuras éticas y morales de una sociedad occidental que lucha por conservar su espacio y poder, nos muestra cómo las dinámicas de poder pueden corromper incluso a las instituciones más sagradas. La película nos recuerda que la política es un juego de intereses, donde los ideales y los valores a menudo se sacrifican en aras del poder.
La cinta también plantea preguntas sobre la legitimidad del liderazgo ¿Qué cualidades debe tener un líder religioso o político? ¿Es más importante la experiencia, la sabiduría o el carisma? ¿Cómo influyen los medios de comunicación y la opinión pública en la elección de un líder?
En definitiva, si te gustan las producciones cinematográficas que te hacen pensar como en un juego de ajedrez, pero a la vez te devela las mecánicas sociales, culturales y políticas detrás de hechos inspirados en procesos reales, esta cinta es indicada para ti.






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