Entre la fantasía de cenicienta y la cruda realidad

 

“Un retrato social incisivo y un estudio psicológico profundo de un personaje complejo y fascinante"

El cine como herramienta narrativa permite explorar temáticas diversas, exponiendo contextos sociológicamente invisibilizados. El poder profundizar más allá de los simples enunciados: Un golpe de suerte, El sueño americano y Ganarse la lotería, habituales en muchas de las historias estadounidenses, se ven desarrollados y en algunos casos resueltos satisfactoriamente a pesar de sus conflictos en las historias cinematográficas. Pero ¿Qué sucede cuando éstas en todo su transitar, nos dan un golpe de realidad?

Precisamente, el director Sean Baker (conocido por filmes como Tarlet, Tangerine y The Florida Project. Ganador de la Palma de Oro en la 77° edición del Festival de Cannes 2024 con su más reciente película) en sus diferentes trabajos ha explorado estas temáticas.

Vemos sus obras con el enfoque dado por un lente correctivo de la realidad, como si se tratara de un optometrista, quien con cada paso busca corregir la miopía, en este caso la social, para permitirnos mirar la profundidad, contraste y campo que se ciernen sobre el hecho particular de lo periférico o marginal presente debajo del glamour de vivir en una gran ciudad.

Baker en su más reciente obra nos sumerge nuevamente en un universo crudo y realista. Así “Anora” (Ganadora de mejor película en los Critics Choice Awards 2025) aborda temas muy relevantes en nuestra sociedad, como la explotación sexual, la trata de personas y la desigualdad social, invitándonos en esta ocasión a reflexionar sobre estos problemas, cuestionando a su vez los roles de género y las normas sociales.

Un espejo social de los marginados en Nueva York

El director y guionista nuevamente hace gala a través de su característico realismo sucio, sumergiéndonos en los bajos fondos de la Gran Manzana, donde la precariedad y la desigualdad son moneda corriente.

Anora como muchos otros, es un producto de este sistema, una joven que lucha por sobrevivir en un entorno hostil. Enfocándose en ella y su devenir, la cinta nos cuenta su historia como una joven trabajadora sexual de Brooklyn que, por un giro del destino, se ve envuelta en un romance con un joven millonario ruso. De ese modo, la narración se convierte en un microcosmos de la realidad de los marginados sociales en ciudades como Nueva York, donde la línea entre la supervivencia y la explotación es difusa.

Ahora bien, observamos como desde el guion, Baker combina elementos de una narrativa lineal que magistralmente se ve interrumpida con instantes de flashbacks que nos permiten conocer mejor el pasado de Anora, mientras carga simbólica y metafóricamente lugares, frases y acciones muy arraigadas dentro del inconsciente colectivo, usadas referencialmente para conocer a la ciudad.

Por ello, desde el primer minuto el espectador se siente atrapado en esta red bien diseñada de acción, diálogo y ejecución actoral que te intriga para saber más. El guion maneja un equilibrio perfecto entre drama y romance, con diálogos ágiles y situaciones que te mantienen al borde del asiento. La historia, aunque pueda parecer un clásico cuento de Cenicienta, se reinventa al abordar temas controversiales como la explotación sexual, la diferencia de clases y la búsqueda de la felicidad.

Una cruda postal

Baker, por medio de su cine, nos ofrece retratos psicológicos profundos y complejos de personajes marginados. Estos individuos, a menudo invisibilizados por la sociedad, son retratados con empatía y sin juicios morales.

En Anora, vemos a una joven que lucha por encontrar su lugar en el mundo, que busca la felicidad y el amor, pero que se encuentra constantemente limitada por su situación social.

Allí el apartado de producción, cinematográfico y fotográfico juegan un papel esencial. Bajo la supervisión del director de fotografía Drew Daniels (conocido por su trabajo en Krisha, Waves, Red Rocket, entre otras) resalta la narrativa haciéndola espectacular.

La cámara captura la belleza de Nueva York y Las Vegas, pero también la crudeza de los lugares donde se desarrolla la historia. Los planos secuencia y los primeros planos permiten al espectador conectar emocionalmente con los personajes y sumergirse por completo en la historia.

También se ve la intervención del manejo de la gama cromática y la paleta de colores, jugando con las luminosidades y las sombras, transportándonos en un viaje sensitivo, cuando en las secuencias del night club se endurece y contrasta la imagen para hacerlas tan grunge como la música rock, sin abandonar la aparente estética glitter y la sumisión que deben poseer la “glow woman” del lugar.

A su vez, vemos la disposición de la luz y sombra en un entorno que en ocasiones pudiese recordar el estilo desenfadado del cine independiente, presentando secuencias de la vida cotidiana de sus personajes en entornos urbanos desgastados. La fotografía se centra en los detalles, en las texturas y en la luz natural, creando una sensación de autenticidad.

Aunque la película está anclada en la realidad contemporánea, también hay referencias al cine clásico, especialmente al cine negro y al melodrama mediante los contrastes entre la luz y la sombra, los ángulos bajos y los primeros planos que nos recuerdan a los grandes clásicos del cine.

Esto permite que el espectador pueda disfrutar las caracterizaciones y ver la emocionalidad desplegada desde el trabajo actoral. En ese orden de ideas, la estética visual se vuelve una mezcla de realismo sucio, colores vibrantes y encuadres dinámicos, contribuyendo a crear una atmósfera inmersiva para transportar al espectador hacia este mundo.

Un retrato psicológico

Películas como Anora son importantes porque visibilizan realidades que a menudo son silenciadas. Al presentar historias de personas marginadas, estas películas contribuyen a generar empatía y a cuestionar las estructuras sociales que perpetúan la desigualdad.

Y es aquí donde recae todo el peso. Tenemos a Mikey Madison (reconocida por por su papel de una adolescente hosca en la serie de comedia de FX Better Things. Luego, como Susan Atkins en la película de comedia dramática de época de Quentin Tarantino Once Upon a Time in Hollywood de 2019; y a Amber Freeman en la película de terror Scream del 2022) brillando en su papel como Anora.

Su interpretación es conmovedora y llena de matices psicológicos importantes que navegan desde la melancolía, depresión, alegría, entusiasmo, desenfreno, ira y autoconservación, logrando transmitir la vulnerabilidad y la fuerza emocional del personaje.

Ella nos presenta en pantalla la capacidad para adaptarse y sobrevivir en entornos hostiles, demostrando la residencia, abandonando los estereotipos, mostrándonos un individuo con una rica vida interior, motivaciones complejas y conflictos internos.

Además, al ofrecer una representación más auténtica y compleja, se desafían los estereotipos y se promueve una mayor comprensión de la diversidad humana.

El resto del elenco también ofrece actuaciones destacadas, especialmente los actores que interpretan a la familia del joven millonario ruso, quienes van más allá del humor negro, usándolo tal cual una herramienta propia del mecanismo de defensa para hacer frente a situaciones dolorosas y absurdas.

En resumen

La película, al igual que otras obras de Baker, se inscribe en la corriente sociológica del interaccionismo simbólico. Esta perspectiva nos invita a entender cómo los individuos construyen su realidad a través de las interacciones sociales y los significados que atribuyen a los objetos y a las situaciones.

Anora es mucho más que una simple historia de amor. Es un retrato social incisivo y un estudio psicológico profundo de un personaje complejo y fascinante. A través del lente de este director, podemos vislumbrar la cruda realidad de los marginados sociales y reflexionar sobre las desigualdades que persisten en nuestra sociedad.

Entonces, si eres fan de películas reales, repletas de referencias, lugares y situaciones, fuera del stablished de la comedia romántica azucarada o de aquellos filmes densos con diálogos pesados sobre luchas internas, que debaten entre el existencialismo moderno y la realidad aparente, esta es una opción pertinente y equilibrada que podrás disfrutar.

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