La cartografía del delirio colectivo

Se vuelve una radiografía de la contemporaneidad al develar como una simple inquietud se puede transformar en sospecha y luego en realidad

    La sospecha se convierte en sistema cuando deja de ser inquietud y pasa a ser práctica. En obras como Dogtooth The Killing of a Sacred Deer (Lanthimos, 2009 y 2017) y Funny Games (Haneke, 1997), la duda se ritualiza y el silencio se transforma en instrumento de poder. Cuando el espectador observa estas cintas con atención, percibe que el conflicto excede a la pantalla y se configuran estructuras que aíslan sujetos, imponen reglas y miden reacciones, exponiendo el andamiaje colectivo. 

En la contemporaneidad la paranoia no es un accidente narrativo. Funciona como dispositivo cultural. La saturación informativa, la desconfianza hacia las élites y la fragilidad ecológica permiten que las personas entrelacen relatos que dialogan con teorías psicológicas, sociológicas y comunicacionales. Por ello, el cine opera como laboratorio donde se ensayan tensiones entre poder, subjetividad y naturaleza. 

En este contexto aparece Bugonia (Yorgos Lanthimos, 2025), una obra que articula la paranoia individual con la crítica social y ecológica. Su relato se sostiene en teorías que van desde el sesgo de confirmación (Kahneman y Tversky, 1979) hasta la biopolítica (Foucault, 1976), pasando por la resiliencia ecológica (Holling, 1973). De esta manera la película se convierte en un espejo de las ansiedades contemporáneas. 

La cinta se inscribe en este entramado al narrar la obsesión de Teddy y Don con teorías conspirativas que los llevan a enfrentarse a una corporación farmacéutica. A medida que la paranoia crece, el relato expone la fragilidad humana frente al poder institucional y la persistencia de la naturaleza. El desenlace es controvertido y reafirma la obra como imagen especular de las ansiedades en la actualidad. 

FOTO CORTESÍA IMBD

La conspiración como estructura narrativa 

    El guion escrito por Will Tracy se construye sobre la obsesión de Teddy y Don. En él se refleja el sesgo de confirmación descrito por Kahneman y Tversky en 1979, donde se explica cómo las personas toman decisiones en entornos de incertidumbre. En Bugonia se observa cómo los personajes buscan pruebas que validen sus creencias. Cass Sunstein, en 2008, lo expone cómo en las comunidades se refuerzan conspiraciones. Y esto se refleja en la cinta cuando el espectador observa las distintas dinámicas entre los protagonistas. 

Entonces la paranoia aparece como protagonista real de la trama. De manera sugestiva se convierte en motor narrativo al unir lo psicológico con lo sociológico. En 1972 René Girard señala que "la violencia es constitutiva de la cultura". El guion traduce esta idea mediante un mito de origen donde "los humanos son creados con un gen agresivo", lo que conecta con la propuesta de Claude Lévi-Strauss en 1955, donde se afirma que "el pensamiento mítico funciona como herramienta para poner orden al caos". 

De esta manera la obra, basada en un clásico del cine surcoreano, se convierte entonces en la adaptación hollywoodense de Save the Green Planet! (2003), escrita por Jang Joon-hwan, pero en la versión de Tracy se mezcla sátira política y ciencia ficción con el humor negro característico de Yorgos Lanthimos. En consecuencia, el trabajo ha recibido varias nominaciones en la temporada de premios, incluida la de "Mejor guion adaptado" para los Oscars 2026.

Hiperrealidad y simulacro 

    La película trabaja con encuadres cerrados y atmósferas opresivas. Jean Baudrillard, en 1981, describe precisamente esto al establecer cómo "la hiperrealidad sustituye lo real". Por ello la cámara refuerza esa sensación permitiendo que los personajes habiten en un mundo donde la conspiración parece más real que la evidencia. 

Para lograr esto en Bugonia, el apartado estuvo a cargo del director de fotografía Robbie Ryan, colaborador habitual de Lanthimos en Poor Things (2023) y The Favourite (2018). Aunque para esta ocasión decidió alejarse del "barroquismo" de 2023 y adoptar un estilo que la crítica define como "paranoia clínica". Lo que potencia la atmósfera conspirativa mediante lentes gran angular los cuales deforman los bordes del encuadre y generan distorsión perceptiva. 

Por otro lado, la cámara se convierte en observador oculto gracias a ángulos inusuales y planos a través de rejillas o ventanas, reforzado por la alternancia entre texturas orgánicas y sintéticas para contrastar la luz natural cruda con los neones fríos en los momentos de mayor delirio, causando mayor valor de tensión en el espectador. Mientras la cámara en mano, nerviosa, rompe la simetría estática otorgando un pulso errático al relato. 

En cuanto a la estética, recuerda a Funny Games (1997), donde la violencia se muestra como ritual mediático. Pero en Bugonia Ryan y Lanthimos construyen un lenguaje visual que no solo ilustra la paranoia, sino que también la fabrica, convirtiendo a la imagen en dispositivo de poder. 

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La tensión como lenguaje sonoro 

    El diseño sonoro es fundamental para construir la atmósfera de paranoia y extrañeza que busca Lanthimos. El equipo dirigido por Johnnie Burn, ganador del Óscar por The Zone of Interest (2023), utiliza silencios prolongados, ruidos ambientales amplificados y sonidos cotidianos tratados de manera antinatural, lo que genera claustrofobia y malestar físico en el espectador. 

Para Dogtooth (2009), el silencio funciona como instrumento de control. En Bugonia ocurre lo mismo, pero se puede percibir que para las escenas donde los protagonistas perciben "la presencia extraterrestre"Burn introduce infrasonidos que el oído apenas detecta pero que el cuerpo siente como ansiedad o vibración. 

La música de Jerskin Fendrix, colaborador en Poor Things, se fusiona con el diseño sonoro mediante un estilo minimalista y disonante, logrando que el espectador dude su percepción entre un instrumento o un ruido industrial distorsionado, lo que refuerza la sensación de amenaza constante. 

De esta manera, la saturación informativa fragmenta la percepción, tal como lo expone Manuel Castells, en 1996, al explicar que "la información puede romper la coherencia de la experiencia". En Bugonia el sonido genera desconfianza todo el tiempo.

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La paranoia como proyección 

    Las interpretaciones muestran a la paranoia como mecanismo de defensa. Sigmund Freud, en 1920, lo describe como "la proyección del trauma en figuras externas". El espectador puede apreciar esto en el filme cuando Teddy, interpretado por Jesse Plemons, proyecta su dolor por la enfermedad de su madre en la corporación farmacéutica y transforma su resentimiento en conspiración. 

Igualmente, Jacques Lacan, en 1966, plantea que "la paranoia es una construcción subjetiva frente al trauma". Mientras que Slavoj Žižek, en 1991, desarrolla esta idea al relacionarla con la ideología. En tanto, el cine las expone mediante la transferencia del dolor personal hacia el poder. 

Esta es la cuarta colaboración de Emma Stone con el director, al interpretar a Katherine, una mujer obsesionada y vulnerable que se deja arrastrar por teorías conspirativas. brinda una actuación donde la crítica destaca su capacidad para transitar de la comedia física absurda al terror psicológico en una misma escena. 

Sin embargo, Plemons al encarnar a Teddy, el creyente principal y responsable del secuestro, presenta una actuación inquietante y contenida. Con una mirada impasible transmite una paranoia absoluta que resulta aterradora porque el espectador la percibe real. Por otro lado, Aidan Delbis, quien interpreta a Don, el cómplice obsesionado, aporta intensidad y vulnerabilidad. 

También tenemos a Hong Chau quien interpreta a la doctora Emily Zhao, una ejecutiva farmacéutica secuestrada y supuesta alienígena. Su trabajo en este filme es físico y tenso. Sólo su presencia siembra la duda en el espectador y no queda claro si es víctima humana o si hay algo extraterrestre en su comportamiento. 

De esta manera, el estilo de Lanthimos se mantiene. Los intérpretes usan un tono de voz monótono y desapegado, convirtiendo la violencia y el delirio en experiencias extrañas y perturbadoras. Las actuaciones materializan las teorías de Freud, Lacan y Žižek y convierten la paranoia en lenguaje corporal.

En resumen 

    Bugonia revela que la paranoia se ha convertido en principio organizador de la cultura contemporánea. Atraviesa lo psicológico, social y ecológico. La película integra marcos teóricos y estéticos en un relato que no busca certezas. Expone la fragilidad de las estructuras humanas y la persistencia de lo natural. 

Es así que Lanthimos utiliza cada recurso visual, sonoro y actoral como mecanismo que evidencia un mundo donde la sospecha es norma, la desconfianza, sistema; y la paranoia deja de ser accidente narrativo para convertirse en un dispositivo cultural que define nuestra manera de percibir y relacionarnos con el poder y con la naturaleza, utilizando el cine como herramienta crítica para comprender tensiones actuales.

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